Columna de opinión: "¿Por qué nos estamos quedando sin alumnos?

Publicada el 14 de mayo de 2019

*Columna de opinión del Dr. Alfredo Gaete, Director Académico Campus Villarrica UC, a propósito del estudio de Elige Educar que proyecta un déficit de 32 mil profesores para 2025.

Durante los últimos años, el ingreso de estudiantes a carreras de pedagogía ha disminuido de manera preocupante (cerca de un 30%). Si a esto se suma el hecho de que Chile está entre los países con mayores tasas de abandono de la profesión docente (alrededor del 40% durante los primeros 5 años de ejercicio profesional), uno tiene derecho a preguntarse si no se estará acercando el momento en el que ya no dispongamos de suficientes profesores para todas las escuelas. Y ese escenario catastrófico no es un mero arranque de pesimismo, sino una posibilidad real que la OECD ya puso sobre la mesa en un trabajo publicado el año 2001, en el cual se señalaba que el sistema escolar entero de varios países podría llegar a colapsar debido precisamente a la escasez de profesores.

Más aún: en un estudio publicado hace pocos días por Elige Educar, se pone de manifiesto que en las escuelas de nuestro país hay casi 7 mil personas “no idóneas” haciendo clases, en el sentido de que no tienen el título de pedagogos o, si lo tienen, no están preparados específicamente para la disciplina que enseñan o el nivel escolar en que se desempeñan. El mismo estudio señala además que este número podría más que cuadruplicarse de aquí al año 2025.

¿Qué pasa que nos quedamos sin profesores? ¿Por qué las carreras de pedagogía se hacen cada vez menos atractivas para los jóvenes, y por qué tantos profesores dejan el aula después de trabajar unos cuantos años?
Hay, por supuesto, varias razones. Pero hay algunas que sirven para responder a ambas preguntas: situaciones que explican al mismo tiempo el bajo interés en las pedagogías y la alta tasa de abandono de la profesión. Una de ellas, tal vez la más relevante, es la falta de oportunidades que los docentes tienen para desarrollarse profesionalmente en nuestro sistema escolar, lo que a su vez está asociado a diversos factores: remuneraciones bajas, sobrecarga laboral, pocas oportunidades de perfeccionamiento, poca valoración de los profesores y la profesión docente y, por cierto, los mecanismos de rendición de cuentas que se han instalado en el corazón de la política educativa de las últimas décadas. El Sistema de Desarrollo Profesional Docente, implementado en 2016, ayudará sin duda a corregir varias de estas situaciones, pero hace muy poco para paliar los efectos (a estas alturas bien conocidos) de los mecanismos de presión, control y rendición de cuentas a los que están sometidas nuestras escuelas y que inciden en la sobrecarga de trabajo de los profesores, su desprofesionalización y su insatisfacción laboral.

Mención especial merece el SIMCE, que, tal como sugiere la investigación reciente, en algunos casos ha trastocado el sentido mismo de la labor pedagógica y ha contribuido al malestar de los docentes, muchos de los cuales se han desencantado de la enseñanza por eso mismo. En ese sentido, a las varias razones que ya existen para cuestionar el lugar central que el SIMCE ha tenido y sigue teniendo en nuestro sistema educacional, habría que agregar la posibilidad de que esté afectando negativamente la retención de nuestros docentes en dicho sistema.