#ColumnadeOpinión: Licitación de áreas silvestres protegidas: ¿Qué buscamos con la privatización?

Te invitamos a revisar esta columna de opinión escrita por nuestro académico Andrés Ried, profesor de Educación Física y Dr. en Ocio y Potencial Humano de la Universidad de Deusto, España.

Publicado el 06 de agosto de 2019.

A partir del llamado a licitar servicios recreativos en diez áreas silvestres protegidas del Estado (ASPE) anunciado por el Gobierno hace unas semanas, se ha iniciado un interesante debate acerca de su administración. La postura pro licitación aduce que CONAF no tiene las competencias y recursos necesarios para ofrecer los servicios recreativos que demanda el mercado (o los visitantes). Ante esto, cabe preguntarse ¿Cuáles son las experiencias que la administración estatal no ofrece —o que se ofrecen deficientemente— que deberían ser cubiertas por el sector privado?

Para debatir sobre los pros y los contras de esta pregunta, quisiera poner algunos argumentos sobre la mesa, principalmente desde el punto de vista de los turistas. Estos argumentos son fruto del proyecto de investigación Fondecyt 11150101 “Análisis de la experiencia de ocio y la identificación de los sentidos del lugar de aficionados y turistas visitantes de áreas silvestres protegidas. Estudio de caso de los parques nacionales Villarrica, Huerquehue y Conguillio” recientemente finalizado, el que indagó en las experiencias de ocio en áreas silvestres del sur de Chile, específicamente en la percepción de la experiencia de los visitantes a las ASPE, los que, a mi juicio, debieran ser considerados a la hora de establecer procesos de licitación de servicios al interior de éstas.

Algunos de los resultados de esta investigación demuestran que los visitantes a ASP (tanto en temporadas veraniegas como invernales) generan vínculos emocionales, simbólicos y funcionales con estas áreas. Estos vínculos se representan como sentidos que los visitantes asignan a estos lugares: por ejemplo, su valoración como áreas privilegiadas para encontrar bienestar, conectarse con la naturaleza y ellos mismos, experimentar emociones trascendentes, fortalecer los vínculos entre familias y amistades, vivenciar un tiempo cronológico diferente al cotidiano y despertar conciencia ambiental. También expresan que estos lugares son de alta significación personal y social, y que estarían dispuestos a desarrollar múltiples acciones por su defensa, es decir, generan conductas proambientales y disposición a su conservación y protección.

Se puede afirmar, también, que las ASP son lugares de gran importancia para sus visitantes, es decir, más que sólo paisajes de vacaciones. En particular es necesario destacar que algunos visitantes suelen declarar el carácter sagrado de éstas, sobre todo en los habitantes originarios de algunos territorios, como los mapuche, que han indicado explícitamente su rechazo a estas medidas por considerar que vulneran sitios sagrados y rituales que no debieran ser destinados a actividades recreativas y lucrativas. Para entender y empatizar con esta perspectiva habría que preguntarle a buena parte de los y las ciudadanas de Chile cómo se sentirían si al interior de iglesias, templos o cultos se licitaran servicios de comida o de recreación.

Por otra parte, la investigación evidenció las ASPE son consideradas lugares privilegiados para el bienestar personal y la calidad de vida de los visitantes, además de territorios donde se aprende de primera mano acerca de los servicios que nos brindan los ecosistemas. Uno de los aspectos más relevados por los visitantes encuestados y entrevistados, considerado como un beneficio de la experiencia de ocio en las ASPE, es la posibilidad de desarrollar encuentros cercanos y horizontales con sus propias familias, amistades y con personas desconocidas.

Lo anterior, además de demostrar la alta valoración que hacen los ciudadanos de sus ASP, enfatiza el hecho que estas áreas deben ser consideradas como un patrimonio material e inmaterial de Chile. Los recuerdos que evoca en los visitantes la experiencia de ocio en ASP y el tipo de relaciones que favorece entre sus visitantes sugieren que al menos debemos considerar mejor cualquier intervención que modifique su estatus.

Otra dimensión destacada en los discursos de los visitantes es que la simpleza de la experiencia de ocio en la naturaleza —como podrían ser la falta de comodidades y “lujos”— son considerados valores positivos. Contrario a lo que podríamos pensar, no contar con electricidad, conexión a internet e incluso la ausencia de comodidades de la vida cotidiana fueron valorados como factores positivos los participantes del estudio. De hecho para algunos visitantes estas características promueven una conexión más directa con la tierra y facilita la relación cercana y fluida entre las personas. Por lo tanto, también debemos reflexionar sobre el tipo de infraestructura y servicios que queremos desarrollar en las ASPE, pues sería una lástima que, por intentar desarrollar sofisticadas instalaciones, terminemos reduciendo la posibilidad de experimentar valores y significados positivos que ofrece la vivencia recreativa al aire libre.

Otro aspecto que emergió con particular vitalidad es el juicio —bastante lapidario, por cierto— que hacen visitantes respecto de los servicios recreativos licitados. No es que los consideren deficientes, por el contrario, se perciben como de alta calidad, bien intencionados y de alto interés, sin embargo los valores de algunos de ellos y sus características son percibidos explícitamente como segregadores económicos y por lo tanto, de clase social. Esto inevitablemente se traduce en sensaciones de exclusión y de no pertenencia. Expresiones como “claramente gente que no tiene el poder adquisitivo no puede ingresar porque no va a poder pagar la entrada” o “podrá entrar pero no podrá pagar los servicios de picnic o camping” reflejan este sentimiento. Lo pernicioso de esta percepción es que representa la amenaza de convertir algunos servicios y espacios al interior de las ASPE en zonas de exclusión social. Esto es especialmente delicado si consideramos además que las ASPE se perciben como lugares de integración social y de encuentros personales no mediados por jerarquías y relaciones de poder.

En síntesis, si entendemos los valores y atributos que las ASPE tienen para sus visitantes y habitantes cercanos, la licitación debe considerar servicios recreativos accesibles s a todos los y las ciudadanas chilenas; es decir simples, sencillos, que no provoquen discriminación y exclusión por acceso económico, pues finalmente redundaría una elitización de un patrimonio público que provee de bienestar, identidad, conocimiento, trascendencia y cohesión, pues el contacto simple y puro con naturaleza es uno de los pocos espacios realmente diversos y democráticos que van quedando en el país.