Reseña Histórica

Monseñor Mariano Casanova
Monseñor Carlos Casanueva
1889. Facultad de Ciencias Jurídicas
 
 

La Pontificia Universidad Católica de Chile durante sus 120 años de vida ha creado una tradición de prestigio y relevancia que se ha visto demostrada en sus egresados, los que han sido preparados para guiar y otorgar una fisonomía propia a este país.

A fines del siglo XIX, muchos católicos chilenos, con  el  ejemplo de los europeos, promovieron una universidad que reuniera la excelencia académica y los valores éticos, inspirados en la doctrina cristiana. La iniciativa encontró una excelente acogida en el Arzobispo de Santiago de la época, Monseñor Mariano Casanova.

La Pontificia Universidad Católica de Chile fue fundada el 21 de junio de 1888, mediante un decreto del Arzobispado de Santiago. Su primer rector fue Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas. En un comienzo, la Universidad Católica contaba con sólo dos cursos: leyes y matemática. Sin embargo, con los años las aulas comenzaron a colmarse, las escuelas y facultades a multiplicarse.

En 1889 se creó la Facultad de Ciencias Jurídicas, el Pensionado de San Juan Evangelista y dos escuelas profesionales - el Internado Literario Comercial de San Rafael y la Escuela Industrial Nuestra Señora del Carmen. En 1894 se comenzó a dictar un curso de arquitectura, que fue el que dio origen a esa disciplina en Chile. Los primeros titulados de la Pontificia Universidad Católica de Chile fueron ingenieros civiles, arquitectos y licenciados en derecho. Luego, en el rectorado de Monseñor Carlos Casanueva Opazo (1920-1953), se vio nacer a seis facultades - Arquitectura, Comercio, Filosofía y Ciencias de la Educación, Medicina, Tecnología y Teología- y cuatro escuelas - Servicio Social, Enfermería, Ciencias Biológicas y Artes Plásticas, además del Club Deportivo, el Hospital y la Feuc.

A Monseñor Casanueva lo sucedieron Monseñor Alfredo Silva Santiago, Fernando Castillo Velasco, Jorge Swett, Juan de Dios Vial Correa, Pedro Pablo Rosso y el actual Rector Ignacio Sánchez Díaz. Siempre, a pesar de los cambios, la Universidad ha aspirado a lograr una educación sólida, arraigada en la ciencia, el arte y la moral católica. Ha deseado, por lo tanto, que todos los que han estudiado y estudien en ella resulten no solo científica y técnicamente capacitados, sino que también se abran a las distintas dimensiones de lo humano, a las responsabilidades sociales y personales que plantea el desarrollo integral de una sociedad. Ese deseo fundacional se ha visto plenamente satisfecho a lo largo de la historia de la Universidad Católica.

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