“La pedagogía no es un cuadrado hermético, es una puerta a muchas opciones laborales, a un crecimiento personal y a darle vida a muchos pequeños”

Egresado en 2011 de Pedagogía General Básica en el Campus Villarrica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el profesor Ángel Retamal Opazo (33) posee una destacada trayectoria profesional. Además de perfeccionarse en Gestión de Calidad, Educación Cívica y Formación Ciudadana, y Gestión Pública e Innovación Social, posee el título de ser el director de escuela más joven de la comuna, mérito que consiguió gracias a su perseverancia y pasión por la educación.

Desde su tribuna de director de la Escuela Voipir de Ñancul, Ángel invita a los jóvenes a romper los antiguos paradigmas de la pedagogía sobre bajas remuneraciones o baja empleabilidad y a descubrir una profesión que permite cambiar el futuro de las nuevas generaciones desde una perspectiva inclusiva, intercultural y sustentable.

¿Cómo fue tu proceso búsqueda de trabajo al terminar la carrera?
La verdad es que estuve dos días sin trabajo. Me titulé en septiembre del 2011, un día viernes, y el mismo día viernes me llamó un director de un colegio municipal de Villarrica que me preguntó si ya me había titulado y me quería trabajando el lunes con ellos. Estuve dos días sin pega e ingresé al sistema y no he salido desde entonces.

¿De qué forma conseguiste ese contacto laboral?
Cuando hice mi práctica. En el mismo colegio hice mi práctica general y la práctica de mención en la Escuela Mariano Latorre. Hice mi práctica general en el primero básico y mi práctica de mención de Historia y Geografía en ciclo de quinto a octavo. Se dieron cuenta que les gustaba mi forma de hacer clases, mi interacción con los estudiantes y me dijo el director ´avísame cuando te titules, te quiero para que conformes nuestra planta’. Pensé como tantas veces le dicen a uno, ‘te llamamos’, pero pasa que justamente me llamó y quedé. No he salido del sistema, quedé trabajando en el Mariano Latorre, el director completó su ciclo y seguí trabajando allí dentro. Entré con poquitas horas en el taller de Historia, pero ya era el profesor titular de todas las horas del plan de estudios de Historia y Geografía.

Me dediqué al trabajo del segundo ciclo de quinto a octavo año haciendo la asignatura de Historia; más que a la pedagogía básica, a la mención. Estuve dos o tres años, y en cuarto me vieron que tenía “dedos para el piano” en el tema de gestión. Tomé algunas horas de un proyecto interministerial de gestión que se llamaba “Aulas de bienestar” del Ministerio de Educación, que tenía que ver con cómo la escuela se vinculaba con redes apoyo. Me dediqué a crear redes de apoyo con otras instituciones: Senda, Universidad Católica, Habilidades para la vida, Carabineros, PDI, OPD, etc. Yo estaba encargado de que la escuela generara redes de apoyo con otras instituciones y no fuera un ente aislado. Le dimos un ordenamiento a la escuela, yo generaba mesas de trabajo mensuales con otras instituciones y se daba un trabajo muy rico. Estuve seis años en la Escuela Mariano Latorre.

¿Cómo llegaste a ser director de la Escuela Voipir de Ñancul?
Una directora decidió ponerme de UTP el último año que estuve en el Mariano Latorre. Logramos obtener muy buenos puntajes en el Simce en el Mariano Latorre, yo encabezando el equipo como jefe técnico. Un puntaje que históricamente no se ha logrado nuevamente. Realizamos muchas estrategias, vinculamos mucho más a los profesores, generamos un plan de desarrollo profesional.

La directora que me eligió jefe de UTP perdió el concurso para ser reelecta. Ganó otro director y yo quedaba en el aire, no porque fuera mal profesional sino porque venía con su equipo y el sistema decidió trasladarme como jefe de UTP a la Escuela Voipir. Me habían hablado de que ésta era la escuela básica municipal que tenía los puntajes más altos. De hecho, es la única escuela básica municipal que tiene alto desempeño mirada desde el ministerio. Quiere decir que está dentro del 15% de las mejores escuelas básicas municipales del país. En ese sentido yo asumí el desafío, me vine como Jefe de UTP, estuve dos años como jefe técnico guiando los procesos de enseñanza e innovando. Me tocaron dos años muy difíciles: el estallido social y los años de la pandemia, así que como jefe técnico es asumir la responsabilidad de gestión pedagógica como en tiempos de guerra. Algo que la universidad no nos enseñó, algo que nadie nos había enseñado, pero las herramientas que nos entrega la Universidad Católica son muy buenas.

¿Cuáles fueron esas herramientas?
Nos entregó valores y a creernos el cuento que somos pedagogos y que podemos enfrentar diferentes desafíos. Siempre me acuerdo del profesor Gabriel González, que ya no trabaja en la Universidad. Él me hizo educación perspectiva sociocultural y habló de John Dewey, respecto a que la educación es el principal motor de movilización social. De eso nunca me olvido. Me tocó ser Jefe de UTP en tiempo del estallido social y en tiempo de pandemia. Asumí la responsabilidad de transformar estas clases, de generar un plan de trabajo a distancia donde no existía y aun así pudimos nivelar los grados de los chicos, un plan ambicioso, de invertir recursos, de comprarle tablets a todos los estudiantes, de contratar internet a los chicos que vivían en el campo.

Esto tiene que ver mucho con lo que mis profesores me enseñaron respecto a que hay herramientas para movilizar a los jóvenes, independientemente que estemos en guerra, en pandemia o en un estallido social. Mi mirada es bien ambiciosa. Cuando trabajamos con contextos vulnerables podemos impulsar a chicos que no han tenido oportunidades a generarlas. Que tengan una escuela calentita, que vengan a ser felices, a cumplir sus intereses, sus anhelos y sus necesidades.

A partir de tu experiencia y la de tus compañeros, ¿Crees que los profesores de UC están bien evaluados en el mercado laboral?
Sí, yo creo que están bien evaluados, e incluso la mayor parte de los profesores que trabajan en esta escuela son de la Universidad Católica de Villarrica, de diferentes generaciones, incluso algunos tuvieron clases con el padre Paul Wevering, se acuerdan de él y eso genera una cultura de la Universidad independientemente que seamos egresados de diferentes años. También a mí me da un respaldo como director decir que soy egresado de la UC. La gente toma en serio la institución, la universidad se vincula bastante con las escuelas.

¿Qué es lo que más destacas de tu formación en la Universidad Católica?
En aquellos tiempos la sede de la Universidad era de mucha comunidad, todos estaban preocupados de todos, en lo académico, entre el profesorado y el estudiantado, no había diferencia, había tutorías cercanas del profesorado. Podíamos ir a la oficina del académico sin ningún problema, había poca burocracia, la burocracia creo que entorpece los procesos. Había un seminario o un coloquio y estaban todos vinculados con el tema. Se sentía un valor a todas las personas: a la que hacía el aseo, al guardia, no solamente al que tenía un doctorado o post doctorado; todos eran comunidad, todos eran importantes.

En lo personal, ¿Qué te motivó para estudiar Pedagogía? ¿Era un sueño que tenías desde la enseñanza media?
Yo siempre quise ser profesor, aunque tenía dos opciones: ser Ingeniero eléctrico o la pedagogía, ya que mi hermana era profesora. Cuando estaba en el liceo falleció un amigo por una descarga eléctrica, eso me alejó de ello. Él ingresó a la práctica y falleció. Yo comenzaba el próximo mes y no quise nada con eso, incluso tenía la beca del Ministerio, pude haber estudiado, pero no lo hice. Por otro lado, mis mejores profesores de estudio eran profesores de historia y era eso lo que yo quería. Fue una decisión también porque admiraba a mi hermana que había entrado a estudiar esa carrera.

¿Siempre quisiste quedarte en Villarrica o evaluaste estudiar en Temuco o Santiago como muchos jóvenes de la comuna?
No, yo siempre pensé quedarme en Villarrica porque pensaba el tema del viaje, de los gastos y en la gran oportunidad de tener una sede de la Católica en Villarrica, con excelentes académicos. Por qué aumentar un gasto teniendo una casa académica como la UC. Sentía que era ilógico.

Siempre tuve mis objetivos bien claros. Yo leí lo que era la Católica de Villarrica, lo que es a nivel nacional, que mi título no iba a decir profesor de la sede de la Católica de Villarrica, sino profesor de la Pontificia Universidad Católica de Chile, solamente que le evité un gasto innecesario de viajes y arriendo a mis padres. Soy el director más joven de la comuna y no existe un director que haya ganado el concurso de alta dirección pública, yo lo gané por mis méritos, no por ser amigo de ningún político, pasé la postulación donde más de cien personas postularon al cargo y lo gané y hoy puedo decir yo soy egresado de la Universidad Católica. Recibí una buena base y hoy día estoy encabezando una institución de alto desempeño y digo orgulloso que la Católica me preparó, fue mi alma mater.

¿Cómo enfrentaste por aquel entonces los comentarios respecto a que los profesores ganan un sueldo bajo?
No estudié para hacerme rico, lo que me movió es vocación. Muchos dicen ¿existen profesores con vocación? Sí, existen. Uno no está preocupado por ganar dinero, aunque hoy día yo vivo súper bien.

Se dice que si se quiere ser profesor no vas a ganar mucho dinero, pero no es cierto. Si uno es buen profesor para eso existe la Carrera Docente, si quieres ser buen profesor serás recompensado. Hoy día un profesor recién egresado está ganado casi $900.000 mensuales y hay profesores que pueden ganar hasta $2.800.000 mensuales, pero para eso tienes que hacer una carrera, tienes que ser un buen profesor, tener una buena llegada con la institución que te contrató. Si te dedicas a la pedagogía tienes que ser un buen profesor, sino que se dediquen a otra cosa.

¿Qué le dirías a los jóvenes que quieren estudiar pedagogía?
Que tomen el desafío, que no hay ninguna carrera más linda que educar. Si yo pudiese volver a postular a una carrera volvería a estudiar pedagogía, porque pedagogía es entregar contenidos, es dar vida a los chicos; aunque suene muy romántico, es entregar vida, entregar oportunidades, es conocer contextos complejos y poder generar oportunidades que la familia no les puede dar. Dentro del aula uno puede cambiarles la vida a los chicos, motivarlos que la situación económica no es todo, que pueden ser los primeros en llegar a la universidad, movilizar socialmente a una masa colectiva de estudiantes.

Lo que de repente entendíamos que era solo entregar contenido es el 5% de la pedagogía; uno puede tomar cargos directivos, ser jefe de carrera, director de una escuela, la pedagogía abre un campo tremendo, dedicarse a exponer, a coloquios, a capacitar a otras personas. Pedagogía no es un cuadrado hermético, es una puerta a muchas opciones laborales, a un crecimiento personal y a darle vida a muchos pequeños.

Hacer marchas con pancartas sirve, realizar un movimiento social también, impulsar el cambio de una nueva sociedad, y una nueva constitución es importante, pero la clave está en formar a buenos ciudadanos para crear una nueva sociedad, eso se hace en el aula, en la escuela.