1 de marzo de 2022
“Me han dicho que puedo ser un símbolo y aportar un granito de arena a que en las futuras generaciones esto sea algo más normal”
Con solo 18 años, Dante Contreras marcó un hito este 2022 al ser el primer hombre matriculado en Pedagogía en Educación Parvularia de nuestro Campus. Si bien reconoce que sabía que era una carrera donde predominaban las mujeres, fue toda una sorpresa enterarse que él sería el único hombre de su clase.
“Yo anticipaba que iban a haber más mujeres que hombres. Va a haber uno, dos o tres máximo, y cuando estaban hablando del delantal en el grupo de Whatsapp de matriculados y dijeron que desde 2013 tenemos al primer hombre de la carrera fue como ¿qué?, ¿cómo?, ¡chuta! Mi reacción fue muy chistosa, estaba almorzando y dije ¡quéeeee! Me pareció peculiar y hasta el día de hoy me río”, relata a modo de anécdota.
Oriundo de Temuco, y viviendo actualmente en Padre Las Casas, Dante cuenta que la elección de su carrera comenzó a gestarse cuando cursaba tercero medio en el Colegio Emprender de la capital regional, luego de optar por el área humanista.
“Un día, cenando con la familia que vivo actualmente, surgió la conversación de en qué trabajos me verían bien, y uno de esos era Pedagogía en Educación Parvularia. En esos momentos yo no sabía de qué se trataba, pero fue como ’qué lindo, nunca lo había pensado’, porque de partida, cuando me dijeron eso, fue cuando empecé a pensar que nunca me ha disgustado trabajar con niños pequeños. Desde los 12 años en mi familia me confiaban a los bebés o a mis primos chiquitos porque sabían que los iba a cuidar bien, era reconfortante para mí. Nunca me ha desagradado interactuar con un niño, es divertido. Yo tengo mucho complejo de inferioridad y problemas de autoestima tuve anteriormente. Si un niño te dice cosas bonitas tú sabes que no está mintiendo, son espontáneas, naturales. Ahí fue cuando dije ‘igual podría ser’”, narra.
Si bien sus amigos y cercanos lo apoyaron desde un principio, su padre no se mostró tan convencido. “Cuando le conté se quedó como: -‘me estás leseando’ -‘no, papá, de verdad quiero estudiar Pedagogía en Educación Parvularia’,- ‘pero esa carrera es para mujeres’ -‘no, no necesariamente, probablemente muchas mujeres hay, pero no es necesario que sean solo mujeres, está a chipe libre, puedes escogerla’, le dije. Luego me dijo ‘bueno, si tú quieres, pero allá tú…’. No me sorprendió esa opinión porque conozco mucho a mi padre y anticipaba su respuesta. Sí me afectó porque que te lo diga tu padre o tu madre es una lástima, pero simplemente ponía en la balanza 1 opinión contra muchas personas que me decían ‘qué linda carrera, qué revolucionario’, entonces ignoré esa única opinión negativa y aquí estoy”, afirma sobre esos cruciales momentos.
Con la carrera definida, se enfrentó a la elección de la universidad donde cumplir su sueño. “Mi decisión de estudiar en Villarrica fue influenciada por las personas con las que vivo. Hice dos listas con las universidades con gratuidad y que tuvieran la carrera que me interesaba y ellos me comentaron que la Pontificia Universidad Católica es muy buena. Yo decía ‘si es Católica, por qué no la de Temuco’, pero ellos me comentaron que era diferente, que ésta era Pontificia. El simple hecho de que a todas las personas que les decía ‘me tinca ir a esta universidad’ y que nadie me diga algo malo, fue como ‘ok, su reputación es bastante buena’”.
Concretada su matriculada a inicios de febrero, pasó un mes para conocer presencialmente a sus compañeras de Educación Parvularia, y también a los novatos de Pedagogía en Educación General Básica presentes en la ceremonia de inducción.
“El primer día tenía miedo porque soy muy nervioso, entonces el hecho de conocer gente nueva y cuando estoy consciente que no va a haber ningún hombre en mi clase y soy el primero de la carrera, de partida tengo un peso muy importante. Ese día fue muy bonito porque llegué antes y mi jefa de carrera me dijo que no me sintiera muy presionado o discriminado porque es completamente entendible que tú, siendo el primer hombre de la carrera, sientas que tienes un peso bastante fuerte y está bien, pero que no sea un obstáculo para ti porque ten en cuenta que no tiene nada de malo. Sigue siendo como eres y disfruta de esta experiencia”, afirma sobre su llegada a nuestra casa de estudios.
Sobre qué le pareció nuestra comunidad universitaria y la bienvenida, comenta que “es bastante cálido el ambiente, bonito. De partida no estoy acostumbrado a que me saluden y no me molesta, al contrario. No estoy acostumbrado a ser el centro de atención, pero no es una situación que me disguste tanto. Cuando llegué del primer día y esta persona que me ayudó a escoger la universidad me dijo ‘mira, te voy a hacer una pregunta bien simple: con este primer día ¿quieres volver a la universidad?’ Sí, le respondí. ‘Entonces, la universidad hizo un buen trabajo’, me contestó”.
Consciente de lo que su ingreso a la carrera ha generado, tanto dentro de la universidad como fuera de ella, Dante reconoce que no se arrepiente de su decisión y que espera que otros jóvenes también puedan atreverse a seguir sus sueños, pese a que puedan encontrarse ante opiniones adversas o prejuicios.
“Me han dicho que puedo ser un símbolo y aportar un granito de arena a que en las futuras generaciones esto sea algo más normal. También hay que admitir que no está muy bien visto, pero que el mundo ha cambiado para mejor. Porque, supongamos que cuando se creó esta carrera en el año 2013, yo teniendo esta misma edad, sería muy caótico en todo contexto: de partida mis dos padres no me hubiesen apoyado y sería muy difícil encontrar alguien que te apoyara en algo tan único, ligado a los prejuicios de las personas. ‘Si estás estudiando parvularia, entonces eres homosexual’. Igual no tiene nada de malo, pero el simple hecho de hacer prejuicios solo por una carrera me parece nefasto. ‘Ah, tienes masculinidad frágil’. ‘Sí, tengo masculinidad frágil, pero no tengo ningún problema. Nada”, plantea.
Una vez que egrese, una de sus motivaciones es poder trabajar en el establecimiento que lo cobijó de kínder a cuarto medio: el Colegio Emprender de Temuco. “Me gustaría ser educador de párvulos en el colegio en que estudié; sería muy bonito y un gesto muy simbólico. De cierta forma me daría tanta nostalgia que me pondría emocional y eso, combinado con algo que me encanta, sería hermoso. Sería darle retribución al colegio que me formó como soy ahora. Sin su educación y sus profesionales tan buenos y su grupo académico, no estaría aquí”, concluye.